• Fundación de la Nueva Congregación

    HERMANAS EDUCACIONISTAS DE MARIBOR

    El 13 de septiembre de 1869 fue para la nueva pequeña comunidad religiosa de las Hermanas Educacionistas en Maribor un gran día. En él el Obispo Stepisnik aprobó la institución y confirmó para su dirección a la Hermana Margarita Puhar, otorgándole, según la costumbre de la Iglesia, como fundadora de la Congregación, el especial título honorífico de "Reverenda Madre'.

    En la historia de la Provincia de Maribor, escrita por las Hermanas Leonita Rojs y Agustina Zorec, hay una oración significativa que dice: ¡"Este día es el día de nacimiento de nuestra Congregación, y Maribor su lugar de nacimiento"?!

    La Congregación de las Hermanas Educacionistas fue la primera institución religiosa fundada en Slovenia. Conforme a los cánones eclesiásticos fue institución diocesana bajo la jurisdicción del Obispo de Maribor, Stepisnik, primer sucesor del Obispo Slomek.

    Para la ciudad de Maribor también el año 1869 fue importante, porque consiguió tener la primera institución aclesial, con el nombre de "HERMANAS EDUCACIONISTAS DE SAN FRANCISCO DE ASIS".

    La Hermana Nepomucena contó a la Hermana Gertrudis Neuwrith, a la Hermanas Regina Gosak y a otras Hermanas cómo, para la joven comunidad religiosa este día fue feliz porque finalmente era aprobada y aceptada por la Iglesia. Con ellas estaban también felices, y se alegraban las numerosas aspirantes, de las cuales siete se preparaban bajo la dirección la Hna. Superiora para la Vestición. Del mismo modo se sentía, también, feliz la presidente de la Asociación de Damas Católicas, la condesa de Brandys, quien hizo visita ala fundadora, la Madre Margarita; la felicitó, y como prueba de la continuación de un fiel trabajo por la juventud de Maribor, le apretó la mano.

    Naturalmente, donde estaban las Hermanas y las aspirantes, estaban también los niños; por eso se dirigieron todos a la capilla, donde en acción de gracias a Dios cantaron el Te Deum y recitaron el rosario en honor a la Reina del santo rosario.

    Cuando las Hermanas, en este día, después de la oración en común, recibieron la primera bendición vespertina de la Madre Margarita, le basaron la mano de rodillas, prometiéndole serle fieles hasta la muerte y dedicarse, con todas sus energías, al trabajo por los niños abandonados de Maribor; esforzarse, siguiendo su ejemplo, por la fidelidad a Dios y aprender del Padre Francisco a amar y servir al Redentor Crucificado. Con esto finalizó este día. La Hermana Nepomucena dice que todas fueron a descansar, excepto la Madre Margarita. Ella quedó en la capilla hasta las horas matutinas. Comprendieron que, después de todo, lo que le había traído este día era la paz deseada. Y dónde encontrar esta paz, sino durante las horas de la noche, delante del sagrario de la capilla de la casa.

    ¿Quién sabe qué le traía la memoria, en estas horas nocturnas de agradecimiento y peticiones a Dios, para mezclarlo con la oración? Puede ser lo que tanto le afectaba y no podía olvidarse, la escena cuando los niños venían para la escuela con sus hermanitos, de tres, cuatro, cinco años, abandonados y hambrientos al extremo. Recibido el pan, lo empujaban con las dos manos hacia la boca. Estos se sentaban luego, en la calle, por el suelo, mirando hacia la puerta, por ver si se abrían nuevamente y así recibirían algo más para su pequeño estómago hambriento. Por supuesto, alcanzaron a tener el almuerzo, y antes de irse, también la cena. Tales visitas se hacían siempre más numerosas y mas frecuentes. Pero no sólo eran las hermanitas y los hermanitos: los niños de la calle, tomados de la mano, a menudo corrían a los de las Hermanas buscando el p an.

    Estos niños eran para las Hermanas todavía desconocidos, porque la Asociación de las Damas Católicas no los había incluido aún en registro de los necesitados.

    Pero las Hermanas comprendieron que tenían que hacer por ellos también algo para que no quedasen en vano sentados, allí, alrededor de la casa, con sus miradas hambrientas de pan, de amor, de una buena palabra. La Madre Margarita sabía que sus Hermanas ofrecían todo esto a los niños. Pero esto todavía no era todo. Buscaba la respuesta en la oración. Teniendo el techo, ella los recibía para que no tuvieran que quedarse afuera, sentados en la calle, mal vestidos, descalzos, bajo cualquier tiempo. No se trataba solamente de locales; le escaseaban todavía las Hermanas; pero se podía solucionar por ahora teniendo a las aspirantes. Estas buenas chicas de nuestros pueblos de campo, de las familias sanasy creyentes, los higienizarían, lavarían su ropa, remendarían sus pequeñas camisas, les contarían algo lindo de los angelitos que protejen a los niños, escucharían lo que hablaban, lo que mirasen, les enseñarían a rezar, como les enseñaron sus buenas mamás en casa. Las aspirantes sabrían contarles muchas cosas lindas del buen Jesús y de su Madre María.

    La Madre Margarita miraba con confianza la estatua de la Madre de Dios, pidiendo: "María, sé nuestra administradora, nuestra protectora, nuestra Madre... Necesitaríamos el jardín de infantes, y eso lo más pronto posible, para que los niños, abandonados a sí mismos, no se escandalicen entre ellos, aprendiendo malas palabras, ser mentirosos, a robar, o cosas peores todavía.

    Delante de los ojos de la Madre Margarita se presentó esa noche, durante la oración de la capilla la imagen de su congregación, aprobada por la Iglesia, y su desarrollo. Vio que, con la bendición de Dios su congregación se extendería abarcando los alrededores próximos y lejanos. Habría mucho trabajo. Las candidatas estarían presentándose y tendríamos dónde ponerlas; faltaban aulas y habitaciones para los niños del hogar.

    En su imaginación vio un gran edificio escolar para la futura escuela, desde la primaria hasta la secundaria, el magisterio, para que las aspirantes pudieron estudiar en casa; lugar para instalar talleres para las modistas, las manualidades, dónde estaría el taller de bordado para los ornamentos, dónde los laboratorios para las distintas ramas de enseñanza, etc.

    Y decía: ¿'Y el convento para las Hermanas de nuestra Congregación? Ni ahora tenemos donde vivir, apretadas hasta el extremo. ¿Qué pasará cuando el número de las Hermanas irá creciendo? Y deberá crecer a causa de las necesidades de la escuela. Será necesario pensar en cien o más Hermanas y aspirantes.

    ¿Dónde estará la capilla de la casa? Pero, ¡qué capilla! La iglesia para las futuras Hermanas Educacionistas, aspirantes, alumnas, para tener morada de Dios entre nosotras, donde nos reuniremos para la oración, la adoración al Santísimo, la santa misa, para la "Administración" - Vestición de las Postulantes-, para la primera Profesión de las Novicias, para los retiros espirituales de las Hermanas, no sólo las de Maribor, sino también para las que trabajarán en otros lugares, otros países, puede ser hasta en otros continentes, y quienes de vez en cuando desearían volver a casa, a la Casa Madre, para recoger nuevas energías espirituales para su trabajo en las filiales.

    San José, ¿cómo nuestra joven Congregación podré conseguir todo esto? Estos edificios deberán servir a su fin, por lo menos cien años y más. Cuando no tenemos ni el terreno para edificar, ni la plata para comprarlo? ¿Dónde está el material d construcción, dónde los artesanos, los obreros?.

    San José sé nuestro administrador. Toma bajo tu protección nuestra joven Congregación de las Hermanas Educacionistas. Ocúpate de todos estos trabajos, necesarias para nuestra actividad de aquí y del futuro; puede ser también de algún otro lugar, y dirige estas obras. San José, tú que sabías encontrar, para tu familia, casa y proveer a sus necesidades, ayúdanos; te entrego todas mis grandes preocupaciones; dirige tú todo, como hasta ahora, que nunca me abandonaste, y que todo guiaste rectamente. Continúa, San José, siendo nuestro protector y nuestro proveedor. Sólo contigo podremos realizar estas grandes obras y todas las cargas imprevistas, impuestas por nuestro nuevo instituto educacional. San José, ayúdanos, San José, ruega por nosotros!

    Jesús amado, que vives entre nosotros, quédate con nosotros y con nuestra Congregación. A ti, nuestro Divino Maestro, entrego toda nuestra labor educacional y escolar, bendícela para que produzca friutos  divinos para el tiempo y la eternidad. Por las manos de tu Madre Maria, que es también nuestra, te entrego a mí misma, nuestra juventud y nuestras Hermanas de ahora y las que entrarán más tarde y trabajarán en nuestra Congregación, y a todos los que nos sean confiados. Entrego a todos a tu Sagrado Corazón. Reina sobre nuestros corazones y aimas, porque son posesión de Dios. Te pido que nos ilumines dirigiendo tu mirada hacia nuestra alma y sus necesidades, para que te adoremos con toda el alma y quedemos fieles a los votos que delante de Ti, nuestro Rey, emitimos para siempre. Bendícenos para escuchar la voz de tu Evangelio y todas las inspiraciones divinas, don de tu bondad, y para vivir según ellas, ayudadas por tu gracia ... Bendícenos para que no hablemos nunca lo que a Tí, oh buen Jesús, no te gusta oír. Haz que nuestras palabras sean verdaderas y justas, y que nunca ofendan, ni a Dios, ni al prójimo. Bendice nuestro pobre corazón humano para que nunca sea infiel a tu divino Amor, por el cual te fuiste, por nosotros a la Pasión y a la Muerte de Cruz.

    ¡Oh Jesús, con toda gratitud y devoción, consciente de mi indignidad y pobreza, te pido, en esta hora, de rodillas, reina sobre nosotras, Tú Jesús bueno y misericordiso! ¡Sé Rey y Soberano de nuestros corazones y de nuestras almas para siempre!". (5)
     
    (5) En su trato familiar y fraternal, las primeras Hermanas, cierta vez preguntaron a la Hermana Margarita cómo, en la capilla, velaba y rezaba aquella noche, después de! 13 de septiembre de 1869, cuando el Obispo Stepisnik la nombró primera "Reverenda Madre" de la Congregación independiente de las Hermanas Educacionistas de Graz. Quedó un rato pensando, como si de esa noche no le gustara hablar. Pero, luego, consintió contando reflexiones de las necesidades relacionadas con la nueva congregación, y también de las preocupaciones y oraciones, de las peticiones a Jesús, María y José. Una de las Hermanas dactilografiaba, y luego entregó a las otras copias. En Repnje, nuestra Hna. Superiora nos la leyó, y así se conservó, casi en su totalidad en mi memoria el día de hoy.